¿Qué busca la NASA en Bennu?

Enigmas de la ciencia.

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Su nombre hace referencia a la garza negra que en el antiguo Egipto representaba la reencarnación, en esta nueva entrada hablamos de Bennu, el asteroide que a ciencia cierta puede contener claves fundamentales sobre el origen de la vida, pero también puede traer la muerte y destrucción del planeta Tierra.

Hace poco descubrimos el enigma de Saturno y en esta entrada recapitularemos el periplo de la sonda Osiris-Rex

El pasado 8 de septiembre la agencia espacial NASA lanzó desde Cabo Cañaveral, Florida la sonda Osiris-Rex rumbo a Bennu, un asteroide perteneciente a la familia de los troyanos de tipo B, clasificados así por ser los más primitivos.

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De hecho, “creemos que asteroides como Bennu bombardearon la Tierra cuando era muy joven, hace miles de millones de años, sembrando la estructura para que surgiera la vida”, señala Adriana Ocampo, jefe del Nuevas Fronteras de la NASA que, entre otros, comprende la misión Osiris-Rex.

El estudio de los asteroides viene suscitado no sólo como medida de protección, también porque algunas empresas se han sentido atraídas por los minerales que éstos pueden contener en grandes cantidades en su interior, algunos de los cuales empiezan a escasear en la Tierra y son básicos para la fabricación de determinados aparatos.

Lo cierto es que este asteroide de 500 metros de diámetro, casi el doble de alto que la Torre Eiffel, puede llegar a destruirnos. Al orbitar nuestro sistema solar, la probabilidad de impacto con nuestro planeta existe. Bennu es rico en carbono y fue descubierto en el año 1999 por el proyecto LINERA (Lincoln Near Earth Asteroid Research).

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Su densidad, en opinión de los expertos, indica que podría estar hueco en su interior. Cada 6 años, las órbitas de Bennu y la Tierra coinciden, aproximándose hasta unos 300.000 km, razón por la que los científicos estiman que existe una posibilidad entre 3,000 de que ambos cuerpos choquen, lo que, para la Tierra supondría una destrucción parcial. De suceder dicha catástrofe, los investigadores estiman que sería a finales del siglo XXII.

Con la intención de conocer mejor Bennu y otros cuerpos similares, se envió a la Odris-Rex, cuyo nombre hace referencia al dios egipcio de la reencarnación, encargado de presidir el tribunal de los muertos.

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A esta sonda le espera un largo viaje de 7 años a través de nuestro sistema solar. Se espera que, dentro de un año, en septiembre de 2017, la Odris-Rex utilice el impulso gravitacional de la Tierra para coger impulso hasta Bennu y ahorrar así combustible. Un año después, en noviembre de 2018, la sonda entrará en la órbita del asteroide. En los dos años próximos, es decir, hasta el año 2020, se dedicará a su reconocimiento y estudio.

Al fin, en 2020, y con la ayuda de un brazo robótico, recogerá muestras, proceso que tan sólo durará cinco segundos. Para ello, la sonda expulsará una carga de gas nitrógeno que levantará la superficie y las rocas del asteroide, facilitando así su recogida. Odris-Rex tiene capacidad para realizar hasta tres intentos, y puede traer un máximo de 2 kg de carga a su vuelta, prevista para el año 2021.

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